"(...) el viaje comenzó con un acontecimiento inesperado. En el segundo día, la zapata de la cámara de Pablo se rompió, y lo que podría haber sido una anécdota o un desastre se convirtió en el punto de partida de esta exposición: Ópalo. El ópalo es un tipo de mineral que puede presentar propiedades fluorescentes y fosforescentes. Y, como señala Tanizaki en El elogio de la sombra, es una de esas piedras que "colocadas en la oscuridad, emiten una radiación, y expuestas a plena luz pierden todo su encanto como joyas preciosas". Renunciar al uso del flash no fue fácil para Pablo, ya que era una herramienta indispensable en su práctica fotográfica. Significó abrazar la sombra, dejarse caer, no temer la oscuridad ni la penumbra. De algún modo, fundirse con la atmósfera que lo rodeaba y renunciar al flash que lo congela todo, en busca de esa luz de ópalo. Pero el acto fotográfico no termina al presionar el obturador, se dilata, y el viaje hacia las sombras continúa durante meses en el laboratorio. Al entender la fotografía como si fuera pintura, el tiempo se expande, se reflexiona sobre lo que se quiere representar, la huella en el negativo y las posibilidades que ofrece la ampliadora se combinan para crear una nueva imagen, una representación más cercana a la memoria. Es en el cuarto oscuro donde la propia sensibilidad del fotógrafo termina por tomar forma (...)"