Hay ideas que no requieren grandilocuencias gramaticales. Las protestas originan eslóganes fáciles de memorizar y reproducir que alargan la vida del mensaje mucho más allá de la acción directa. Una mancha que aparece sobre capas de papel, tiza o pintura nos recuerda que alguien estuvo allí. Y eso nunca fue una cuestión de modas, ya que el martilleo de frases repetidas calle a calle se sigue utilizando como forma de expresión.
Las pintadas pueden ser tan simples como el nombre de una calle sin placa, una declaración de amor o una firma ególatra que llena un rincón vacío. También pueden ser el nombre de un bar sobre su puerta, una amenaza o la A encerrada de la anarquía, un clásico insuperable. Hay quienes las leen como filosofía, otros como poesía, y hay quienes las consideran arte urbano. Por supuesto, sus detractores siempre las verán como suciedad, como un objetivo a eliminar para alcanzar la meta de una ciudad estéril e higiénica.
Quienes no pusieron mala cara a las pintadas son los fotógrafos que se presentan en esta pequeña exposición. Gracias a su trabajo, todas esas letras dispersas nos ofrecen una visión de los ciudadanos que, en momentos de necesidad de expresión, encontraron en las paredes y las sábanas unas aliadas firmes. Con la fotografía se alarga la vida de lo que solo estaba destinado a ser visto en su contexto, y que, por ello, después del repaso de la cámara, pierde su significado original. La pintada descontextualizada se recicla en nuevas ideas y, aunque use las mismas palabras, las combinaciones son infinitas.
Algunos fotógrafos utilizaron la pintada de forma ingeniosa en su composición, pero también los hay que la plasmaron en primer plano, mostrándola de forma cruda y sin paliativos. En otras ocasiones, el espray se filtra en una estampa atractiva del barrio. Nou Barris se retrata así, a través de sus protestas y otros mensajes, con murales y pancartas donde vemos la voz de unas vecinas que decidieron, a lo largo de su historia, hablar a través de sus paredes.
Desde 2021, Ribeira ha creado imágenes que reflejan el hedonismo y el nihilismo encarnados en la emergente escena española del trap y el drill. El resultado es un encuentro cercano con las personas involucradas en esta ola cultural, global y diversa, que se desarrolla de manera única en España. Ribeira adopta la investigación visual y la colaboración performativa como aspectos esenciales de su trabajo, y se centra en gestos y paisajes para evocar una atmósfera particular, fruto de las relaciones que establece con las personas que fotografía.
David Garcerán